HOLA GENERACIÓN 2020!! COMENZAMOS UN NUEVO CAMINO DONDE LAS RESPONSABILIDADES SERÁN MAYORES, LO QUE MANIFIESTA QUE YA HAN SUPERADO ETAPAS DE SU VIDA CON ÉXITO. ME SIENTO MUY FELIZ PODER COMPARTIR EL CAMINO CON USTEDES. ESPERO QUE ESTE ESPACIO CREADO NOS AYUDE A SER MÁS ACCESIBLE EL RECORRIDO. BIENVENIDOS ....
lunes, 25 de septiembre de 2017
PROTAGONISTAS DEL PERÍODO
LAS PRIMERAS PRESIDENCIAS DEL URUGUAY
PROBLEMAS Y SOLUCIONES
La vida constitucional del Estado Oriental del Uruguay se inicia con las presidencias de Rivera y Oribe. El 24 de octubre de 1830 la Asamblea General designó Presidente de la República a Fructuoso Rivera, quien se mantuvo en el cargo hasta cumplir los cuatro años que le correspondían d acuerdo a lo que establecía la Constitución. El 1 de marzo de 1835 la Asamblea designó presidente a Manuel Oribe. Este no pudo terminar su mandato porque renunció el 24 de octubre de 1838 al ser derrotado por una revolución encabezada por Rivera quien contaba con el apoyo de Francia. Rivera quedó a cargo del poder siendo designado nuevamente presidente por la Asamblea General.
LOS PROBLEMAS
Estos primeros gobiernos uruguayos debieron enfrentar los problemas causados por los factores de perturbación o inestabilidad.
1) Problemas económicos.- La ganadería, principal fuente de riqueza, estaba en retroceso como resultado de los largos años de luchas. La disminución de ganado había sido provocada por las matanzas indiscriminadas y el robo de ganado hacia Brasil. El ganado se había dispersado y era difícil saber a quien pertenecía.
La agricultura tenía escaso desarrollo y era insuficiente para el consumo local. Muchas veces hubo que importar trigo desde el exterior para tener harina. Había chacras sólo en torno a la ciudad de Montevideo y, en general, los habitantes de la campaña despreciaban el trabajo agrícola.
La industria prácticamente no existía. El trabajo artesanal apenas cubría las necesidades de consumo local (vestimentas, vivienda). La actividad industrial más importante era la de los saladeros de carne y cuero. Requería poca inversión de dinero, no necesitaba mano de obra especializada y utilizaba la materia prima más abundante en el país: el ganado. Los cueros y la carne salada (tasajo) se exportaban, pero, en el caso de la carne salada los mercados consumidores eran escasos: Brasil y Cuba, donde se utilizaba para alimentar a los esclavos.
Los productos importados eran más que los exportados, por lo que la balanza comercial era deficitaria.
Uruguay carecía de moneda propia; circulaban monedas brasileñas de cobre y papel moneda argentino desvalorizado. Esto complicaba las transacciones comerciales por falta de efectivo y por la inseguridad que existía acerca del valor de los billetes.
2) Problemas sociales.- El principal problema social era el conflicto entre los propietarios y poseedores de tierras. No era un problema nuevo, se había desarrollado durante la época colonial, pero se había agravado. La revolución artiguista había creado una situación nueva con el reparto de tierras hecho en 1815. Incluso, antes del reparto hecho por Artigas, en 1814, durante el breve dominio de Buenos Aires sobre la Provincia Oriental, se habían hecho entregas de tierra por el gobierno porteño. Además muchos propietarios españoles habían huido y sus campos fueron ocupados por los revolucionarios sin ningún título.
Posteriormente, durante la dominación portuguesa y brasileña, los repartos artiguistas fueron desconocidos y hubo nuevas entregas de tierras para beneficiar a aquellos que apoyaban la dominación.
Numerosos propietarios que habían huido regresaron y se presentaron ante los tribunales a reclamar sus tierras, provocando una ola de desalojos.
Posteriormente se produjo la revolución de 1825 y el retiro de los brasileños. Nuevamente hubo propietarios que huyeron y ocupantes de tierras que las hacían producir aunque no tenían título de propiedad.
Sobre una misma tierra podía haber varios propietarios alegando derechos que provenían de diferentes gobiernos.
Reconocer el derecho de unos significaba dejar sin tierras a los otros. Quines se sentían despojados recurrían a buscar el respaldo de los hombres fuertes del campo, los caudillos, y al uso de las armas para mantener sus tierras. Por lo tanto este conflicto entre propietarios y poseedores era también un problema económico, político y jurídico.
3) Problemas políticos.- Eran varios:
a) La forma en que se había producido la “independencia” provocaba la falta de un verdadero sentimiento de identidad nacional. La “independencia” era muy relativa. Las primeras presidencias debían resolver el reconocimiento del nuevo estado por otros países y asegurar su viabilidad como estado.
b) Las luchas internas que no sólo pasaban por la discusión parlamentaria o el cruce de artículos en la prensa, sino que llevaba al enfrentamiento armado. Habían bandos más o menos identificados: unitarios, federales, abrasilerados, lavallejistas, riveristas. Pero las principales divisiones tenían que ver con enfrentamientos personales entre los caudillos, como era el caso de Rivera Y Lavalleja, primero, y de Rivera y Oribe después. No era ajeno a estas luchas el conflicto por las tierras.
c) Las dificultades para aplicar la constitución en una realidad que poco tenía que ver con aquellos países de donde se había copiado. La mayoría de la gente reconocía como autoridad a los caudillos, por que los estimaba y respetaba, y no a las autoridades establecidas por la constitución. Cuando Rivera realiza desconoce al presidente Oribe e inicia una revolución, los riveristas decían que el presidente “se había revelado contra Don Frutos”, porque para ellos el que “mandaba” era, naturalmente, Fructuoso Rivera, estuviera o no investido de poder por la constitución.
LAS SOLUCIONES
1) Las relaciones internacionales.- Durante las primeras presidencias las relaciones exteriores se orientaron hacia en dos direcciones:
- Hacia los países europeos tratando de obtener el reconocimiento del nuevo estado y lograr préstamos de dinero.
- Hacia los Brasil y Argentina para conseguir que firmaran un tratado definitivo que asegurara la independencia de los orientales y para solucionar el problema de los límites.
Las principales gestiones hechas en Europa se hicieron frente a los gobiernos de Inglaterra y España. Las gestiones ante Inglaterra, iniciadas por el Ministro Lucas Obes, buscaban que aquel país asegurara la independencia de Uruguay ante Argentina y Brasil . Durante la presidencia de Oribe se intentó lograra un acuerdo comercial pero no se llegó a nada concreto. Las gestiones ante España tenían como propósito principal obtener el reconocimiento de la independencia. Se establecieron relaciones comerciales con aquel país pero no se llegó un acuerdo sobre el establecimiento de relaciones diplomáticas porque España reclamaba indemnizaciones por la revolución artiguista.
Las gestiones ante los países vecinos para obtener un tratado definitivo y establecer los límites fracasaron. Las principales gestiones se hicieron ante Brasil (con Argentina había una separación geográfica bien clara que eran los ríos Uruguay y de la Plata) ante el cual se reclamaban los territorios al norte del río Cuareim que habían pertenecido a la Banda Oriental en la época colonial. Ante la negativa de Brasil de tratar el tema, el ministro Lucas Obes pensó en la creación de la una alianza entre todos los países que tenían fronteras con Brasil, para negociar en conjunto el reconocimiento de los antiguos límites. El plan comenzó con éxito al obtenerse el apoyo de Perú y Bolivia, pero luego Lucas Obes debió renunciar y cuando asumió la presidencia Oribe dejó de lado esa estrategia.
Las nuevas gestiones iniciadas por Oribe en 1837, aprovechando los problemas internos que tenía Brasil con la revolución de Río Grande del Sur, tampoco tuvieron éxito.
2) Independencia eclesiástica y educacional.- Teniendo en cuenta que la constitución consagraba a la religión católica como oficial, era importante obtener la separación de la administración religiosa que hasta ese momento estaba sometida al obispo de Buenos Aires. En 1832 el Papa Gregorio XVI designó a Dámaso Antonio Larrañaga como Vicario Apostólico de la República y luego se le dieron facultades semejantes a las de obispo.
La enseñanza superior no existía en Uruguay. Los profesionales que actuaban en el país habían hecho sus carreras en el exterior, donde eran enviados los jóvenes cuyas familias podían costearles sus estudios.
Durante la presidencia de Rivera se inició el proceso para crear una casa de estudios superiores. Al principio sólo se logró que funcionaran una cátedra de filosofía y una de latín. Luego se agregaron derecho, matemática y teología. En 1838 Oribe ordenó la creación de la Universidad a partir de estas cátedras, pero la situación del país, sacudido por la revolución de Rivera, impidió que se llevara a la práctica.
3) Fomento a la inmigración.- Se adoptaron medidas para impulsar la inmigración y de esa manera tener más población, aumentando el consumo y procurando tener mano de obra agrícola y artesanal. Se consideraba que esto era imprescindible para impulsar la economía del país, que en 1830 tenía sólo unos 70 mil habitantes.
Durante el gobierno de Rivera, su ministro Lucas Obes, preparó un proyecto para atraer inmigrantes. El proyecto consistía en facilitar el traslado de artesanos, trabajadores o peones, que acreditaran buena conducta, pagando el gobierno uruguayo los pasajes, el alojamiento y la alimentación de los viajeros. Luego de establecidos los inmigrantes devolverían al gobierno el dinero.
También hubo un proyecto para crear una ciudad formada por inmigrantes en la falda del cerro de Montevideo, la villa de Cosmópolis. También hubo iniciativas privadas de empresarios para traer inmigrantes europeos y africanos. En este último caso a veces se trataba de un tráfico de esclavos disfrazado.
Se calcula que entre los años 1830 y 1840 llegaron unos 22 mil inmigrantes, la mayoría de Francia, España y el norte de Italia.
4) Medidas sobre la tierra.- Frente al conflicto entre poseedores y propietarios, el gobierno de Rivera decretó, en 1833, que los poseedores sin título de propiedad podían quedarse en las tierras que ocupaban si las pagaban. Trataba de defender a aquéllos poseedores que pudieran pagar la tierra, dándoles la oportunidad de quedarse en ellas, no perjudicando a los propietarios que serían indemnizados. Además se establecía que aquellos poseedores que no tenían dinero para pagar las tierras, serían reubicados en los alrededores de los pueblos y en la frontera. Estas situaciones se definirían caso por caso, lo que daba lugar a arbitrariedades.
Esta medida benefició a los que tenían dinero pero significó el desalojo de una gran parte de la población de la campaña, pequeños y medianos productores, que no podían pagar el precio. Así, junto a los latifundistas, se creaba una masa de gente, muchos con ganado, que no tenían tierras propias y se transformaron en agregados o peones. Las condiciones de explotación del ganado permitía la existencia de esta gente, que incluso podía matar ganado ajeno para alimentarse, ya que lo que tenía más valor no era la carne sino el cuero.
Muchos desalojados buscaron el apoyo de los caudillos para recibir protección, aumentando los lazos de dependencia personal entre el caudillo y sus protegidos-seguidores.
También había ocupantes de tierras del estado. Para estos casos el gobierno de Rivera resolvió que aquellos que hubieran permanecido durante más de 20 años en esas tierras, podían comprarlas. El gobierno de Oribe decidió que para aquellos que estuvieran en tierras públicas por un tiempo menor a los 20 años, podían arrendarla y luego de cinco años se decidiría si se mantenía el arriendo o si se le vendía.
Como se ve, en todos los casos la solución pasaba por el tener o no dinero, desconociéndose los repartos hechos por el reglamento de tierras de Artigas.
EVOLUCION POLITICA
PRESIDENCIA DE RIVERA
El 24 de octubre de 1830, la Asamblea General designó presidente a Fructuoso Rivera, quien obtuvo 27 votos contra 5 que recibió Lavalleja. Los dos caudillos eran las figuras políticas más relevantes del momento. Rivera, que contaba con 45 años al ser designado presidente, era hijo de un importante estanciero y en 1811 se había sumado a la revolución artiguista. Participó del éxodo al Ayuí y en el segundo sitio a Montevideo. Tuvo destacada labor durante el período de la Provincia Oriental autónoma (1815-16) y Artigas confió en él designándole en cargos de gobierno y luego al frente de las tropas que debían detener a la invasión portuguesa en el este de la provincia.
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| Rivera |
En 1820, derrotado Artigas, Rivera lo deja a un lado y hace un acuerdo con los portugueses, colaborando con la dominación de aquellos sobre la provincia. Fue un personaje importante durante el dominio portugués y brasileño, ocupando el cargo de Comandante de la Campaña. Se negó a participar en el intento revolucionario de 1823 pero se incorporó a la revolución de 1825 en un hecho polémico (el episodio del Monzón). Participó en la lucha contra los brasileños con éxito y llevó a cabo la toma del territorio de las Misiones. Este hecho le otorgó fama que sumado al prestigio adquirido durante sus años de comandancia de la campaña, le facilitaron la designación com o presidente.
Poco tiempo después de asumir la presidencia Rivera marchó hacia el interior, donde se sentía más a gusto dada su condición de caudillo y su temperamento, delegando el mando en el presidente del Senado Luis Eduardo Pérez. Casi todo su período como presidente Rivera se mantuvo en la campaña y el gobierno quedó en manos de sus ministros y de un grupo de amigos con los que tenía vinculaciones desde la época de la dominación brasileña a quienes se conocía como los “cinco hermanos” (Lucas Obes, Nicolás Herrera, José Ellauri, Julián Alvarez y Juan Andres Gelly).
A mediados de 1831 comenzó a hacerse sentir una creciente oposición al gobierno de Rivera. Se acusaba la gobierno de no respetar la constitución, de mala administración y de tener un ejército mal controlado e impago que era una amenaza constante. La oposición acusaba al ministro Santiago Vázquez y a “los cinco hermanos” de mala administración y de usar al gobierno para obtener beneficios económicos personales.
A esta situación hay que agregarle el descontento de Lavalleja que se había visto postergado en sus ambiciones políticas y el problema de los poseedores y propietarios. Todo esto sumado fue creando un clima de tensión que desembocó en violencia.
Primero hubo una rebelión de los indígenas que el propio Rivera había traído de las Misiones y habían sido hacinados en Bella Unión, al norte del país. Olvidados, sin medios para subsistir, se dedicaron al robo de las estancias cercanas. Rivera envió a su sobrino Bernabé para poner fin a los ataques indígenas, pero fue muerto. El propio Rivera dirigió una campaña contra los indígenas, emboscándolos y exterminándolos.
Por otra parte se produjeron dos rebeliones de los lavallejistas, una en Durazno, donde Rivera residía habitualmente, y otro en Montevideo. Las dos rebeliones fueron derrotadas por Rivera, con ayuda de unitarios argentinos residentes en Uruguay. La victoria de Rivera no fue seguida de un intento d acercamiento y diálogo con la oposición. Al contrario, se expulsó a los opositores del Parlamento y se quitaron las tierras y ganados de los lavallejistas. Así se inició una práctica que se hizo muy común en el resto del siglo: el bando victorioso se apropiaba de los bienes del vencido, y éste aspiraba a una rebelión para tomar venganza y recuperar sus bienes.
En 1833 se produjo una segunda rebelión que fue preparada por Lavalleja desde Buenos Aires donde contaba con el apoyo del gobernador Juan Manuel de Rosas. La rebelión fracasó.
Hubo un tercer intento de rebelión en 1834, esta vez encabezado por el propio Lavalleja,que también fracasó. Rivera pudo terminar su período de gobierno. Interinamente el presidente del Senado, Carlos Anaya, se hizo cargo de la presidencia, hasta que la Asamblea General designara al nuevo presidente. Anaya designó a Rivera como Comandante General de la Campaña, lo que lo ponía al frente del ejército con la función de mantener el orden e la campaña “persiguiendo vagos, desertores o criminales”. El poder que el daba este cargo era mucho y los límites muy pocos. Podía ser un elemento de fricción con el futuro presidente.
El 1 de marzo de 1835 la Asamblea General designo unánimemente a Manuel Oribe como presidente. La unanimidad indica la coincidencia de opiniones, tanto de partidarios como de contrarios al anterior presidente, sobre la figura de Oribe y las esperanzas que en él se tenían. Para algunos historiadores los asambleístas veían en Oribe un buen administrador, un militar de carrera que pondría orden en la administración de los dineros públicos y respetaría la constitución.
Pero, si esas eran las intenciones, no pasaron de ser sólo intenciones, porque los conflictos internos y externos no permitieron desarrollar la obra que se esperaba de Oribe. En el primer año de gobierno ya hubo problemas con la sectores de la prensa que se quejaban de falta de libertad para expresarse. El gobierno había puesto restricciones a las manifestaciones de la prensa referidas a la situación argentina. Los motivos eran que los unitarios exiliados en Montevideo manifestaban sus opiniones contrarias al gobierno de Rosas en Buenos Aires. Este había reclamado ante Oribe y Oribe impuso limites a las manifestaciones de la prensa. Los sectores liberales, contrarios a Rosas, acusaron a Oribe de estar aliado al gobernador de Buenos Aires.
Pero el problema mayor de la presidencia de Oribe se produjo cuando este decidió suprimir el cargo de Comandante de la Campaña a comienzos del año 1836. La existencia de ese cargo en manos de Rivera significaba la existencia de dos autoridades dentro del país: la del presidente y la de Rivera. El decreto por el cual se suprimía el cargo establecía que ya no era necesario y el ejército quedaría bajo las órdenes el Ministro de Guerra, que dependía directamente del presidente. Rivera tomo el hecho como una destitución para alejarlo del poder. Por otra parte en la Asamblea General se elaboró un informe donde se acusaba al gobierno de Rivera de irregularidades financieras beneficiando a particulares en perjuicio del estado. En total se hacían 174 cargos. Además se hizo pública la deuda que había dejado el gobierno de Rivera.
Todas estas acusaciones divulgadas ampliamente por la prensa, caldearon los ánimos. En julio de 1836 inició una revolución contra Oribe. Los unitarios argentinos establecidos en Uruguay apoyaron a Rivera.
Hubo un primer enfrentamiento en Carpintería (19 de setiembre de 1836) donde las fuerzas comandadas por Ignacio Oribe derrotaron a Rivera. En esta revolución aparecieron las divisas (blanca y colorada) y se considera a la batalla de Carpintería como el primer enfrentamiento donde ambos bandos las usaron para identificarse.
En agosto de ese año Oribe había decretado que los integrantes del ejército, los funcionarios públicos y la población en general, debían usar una divisa de color blanco en el sombrero o en las prendas de vestir con el lema “Defensores de las leyes”. El bando rebelde también usó una divisa, que al principio fue el otro color de la bandera, el celeste. Pero como este desteñía, optaron por un color más firme, usando el colorado.
Después de la derrota los revolucionarios pasaron la Brasil donde apoyaron la movimiento separatista de Río Grande del Sur. Los riograndenses, agradecidos, prestaron ayuda a Rivera cuando este volvió a Uruguay en octubre de 1837 reiniciando la lucha contra Oribe. Luego de varios encuentros armados sin una clara definición, en la batalla de Palmar Rivera triunfó sobre Oribe (junio de 1838). Se iniciaron gestiones de paz pero fracasaron porque Rivera ponía como condición la renuncia del presidente Oribe.
Un nuevo acontecimiento empeoró la situación de Oribe. La flota francesa, que estaba en conflicto con Rosas y bloqueaba al puerto de Buenos Aires, solicitó permiso a Oribe para usar a los puertos orientales como centros de operación para atacar al gobernador de Buenos Aires. Oribe se negó a intervenir en el conflicto. Entonces los franceses se vincularon con Rivera quien les permitió usar el puerto de Colonia, que estaba bajo su mando. Los franceses iniciaron entonces un bloqueo por mar a Montevideo, donde estaba Oribe mientras Rivera lo hacía por tierra.
A partir de este momento Oribe no podía intentar nada frente a Rivera que tenía el apoyo de los unitarios argentinos, de los riograndenses, constituidos en República de Piratiní, y de la escuadra francesa. El 24 de octubre de 1838 Manuel Oribe presentó su renuncia a la presidencia, la que fue aceptada por la Asamblea General. Oribe manifestó que renunciaba cediendo ante la violencia, o sea que no era una renuncia por su voluntad. Se trasladó a Buenos Aires y allí Rosas lo recibió tratándolo como “el verdadero presidente del Uruguay”.
Esta victoria de Rivera no terminaba con el conflicto. Por el contrario, la situación internacional llevaría a un conflicto más extenso en el tiempo y en el espacio: la Guerra Grande.
domingo, 10 de septiembre de 2017
CONVENCIÓN PRELIMINAR DE PAZ
ANTECEDENTES.
Después de aprobada la ley de unión a las Provincias unidas del Río de la Plata y ser aceptada por las mismas la incorporación,Brasil le declara la guerra a las Provincias Unidas.
inmediatamente este acontecimiento se hizo sentir en el imperio británico ya que Brasil bloquea el puerto de Buenos Aires. Los ingleses se resuelven mediar con el fin de lograr la paz y restablecer el comercio en la zona siendo el principal protagonista de estas negociaciones Lord Ponsomby que veía lo fructífero que sería para Inglaterra crear un estado independiente en la Provincia Oriental por considerarla la llave del Plata gracias a su puerto de Montevideo.
La victoria de Rivera sobre las Misiones y los problemas internos que tenían Brasil y Argentina llevaron a la firma de la Convención.
FIRMA DE LA CONVENCIÓN.
El 27 agosto de 1828 los representantes de Brasil y las Provincias Unidas firman la Convención Preliminar de Paz resolviendo la independencia absoluta de la Provincia Oriental la cual estableció una serie de medidas mu negativas para el nuevo estado;
FIRMA DE LA CONVENCIÓN.
El 27 agosto de 1828 los representantes de Brasil y las Provincias Unidas firman la Convención Preliminar de Paz resolviendo la independencia absoluta de la Provincia Oriental la cual estableció una serie de medidas mu negativas para el nuevo estado;
- los orientales no tuvimos presentes, ni siquiera manifestando su intención de ser libres.
- no se fijan límites del nuevo estado
- se mantenían tropas de ocupación en el estado.
- la soberanía del estado quedaba altamente comprometida ya que la constitución que elaborara el nuevo estado debía ser revisada por Brasil y Argentina antes de ser aplicada.
- los estados firmantes se guardaban el derecho de intervenir por un plazo de 5 años después de aprobada la constitución.
- se proclamó la libre navegación del Río de la Plata y sus afluentes por parte de los subditos de Brasil y las Provincias Unidas.
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lunes, 4 de septiembre de 2017
HACIA LA INDEPENDENCIA ORIENTAL
Sucesos de 1820 a 1825.
A partir de la caída de Montevideo en manos de los portugueses, se abrió un período de dominación que se extenderá hasta 1828. Primeramente los portugueses y posteriormente Brasil se adueñaron del territorio oriental.
Derrotado Artigas y sometida la provincia al dominio lusitano, los pobladores de Montevideo esperaban el reestablecimineto del orden y la prosperidad de sus negocios lo que motivó que éstos apoyaran a los dominadores.
Por tal motivo, cuando en 1821, se reúne un congreso para resolver sobre la Provincia Oriental y su suerte, éstos comerciantes decidan que forme parte del reino de Portugal llamándola Provincia Cisplatina.
Pero la actitud delos ocupantes fue creando progresivamente un clima de descontento debilitando el espíritu de colaboración que durante un tiempo hubo entre los portugueses y un grupo importante de orientales.
En 1822 se produce el Grito de Ipiranga que lleva a la independencia de Brasil. Este acontecimiento cambia la historia en la Provincia Cisplatina porque las fuerzas que la ocupaban se dividieron en dos bandos:uno que reconocía al gobierno de Portugal encabezado por Alvaro Da Costa y el otro dirigido por Federico Lecor reconocía al nuevo emperador de Brasil y ejercía su dominio en la campaña.
Ante estas nuevas circunstancias, algunos dirigentes orientales descontentos, intentaron sacar partido y protagonizaron una declaración de independencia realizada por el Cabildo el 29 de octubre de 1823, pero este intento fracasó aunque estuviera sustentado por proclamas realizadas anteriormente en la prensa en periódicos como La Aurora, El pampero y otros.
En esas circunstancias Lecor y Da Costa llegan a un acuerdo, abandonando éste último la provincia. Se inicia entonces la dominación brasileña que se extiende desde 1824 a 1828.
Después del intento de independencia de 1823 protagonizado por un grupo de orientales llamado los Caballeros orientales, muchos de éstos se refugian en Buenos Aires dónde reiniciarán la revolución.
Tenderán la complicidad del gobierno bonaerense y la ayuda económica de varios comerciantes y estancieros.Éstos se reunían secretamente en el comercio de Luis Ceferino de La Torre y en los saladeros de Pascual Costa y Pedro Trápani.
En abril de 1825, completados ya todos los preparativos, se inició la cruzada cuya jefatura correspondió a Juan Antonio Lavalleja y sus segundo jefe Manuel Oribe.
El 19 de abril se produce el desembarco de los Treinta y Tres Orientales como lo recuerda la tradición, aunque se sabe que no eran 33 y no eran todos orientales, había argentinos, antiguos escclavos libertos quizá y paraguayos.
De allí se dirigen a Montevideo, produciéndose el el 29 de octubre el Encuento del Monzón que deja como saldo a Rivera incorporado a las fuerzas orientales.
Posteriormente se produce la batalla de Rincón el 24 de setiembre y el 12 de octubre de 1825 la batalla de Sarandí lo que determina que las Provincias uniodas del Río de la plata decidan reincorporaar a la Provincia Oriental como éstas habían solicitado el 25 de agosto.
Otro aspecto de la revolución tuvo que ver con la organización institucionalista de la misma.Por tal motivo el 14 de junio de 1825 se reúne el Gobierno Provisorio instalándose en Florida, bajo la presidencia de Manuel Calleros.
DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA.
La Declaratoria de la Independencia, expresada en una de las leyes promulgada por la Sala de Representantes de la Provincia Oriental el 25 de agosto de 1825, fue antecedida por una serie de acontecimientos de gran importancia. También ha sido motivo de polémica para diversos investigadores a lo largo de nuestra historia.
El antecedente más importante fue el levantamiento oriental contra el ejército brasileño que ocupaba la Provincia Oriental desde 1820. Este movimiento revolucionario se había iniciado el 19 de abril de 1825 al producirse el “Desembarco de los Treinta y Tres Orientales” al mando de Juan Antonio Lavalleja. A la lucha se unieron distintos caudillos, entre los que se destaca Fructuoso Rivera que hasta ese momento colaboraba con el ejército brasileño.
Lavalleja convocó a los cabildos de la campaña para que enviaran representantes para la conformación de un Gobierno Provisorio. Este tendría por objetivo administrar el territorio liberado por los patriotas. Este gobierno se constituyó en la villa de Florida el día 14 de junio de 1825. Ante él, en un gesto que hacía recordar el período artiguista, Lavalleja depositó el mando y expuso una memoria de lo realizado. El 17 de junio el gobierno convocó a los pueblos de la campaña para la elección de los diputados que integrarían la Sala de Representantes de la Provincia Oriental. Las instrucciones enviadas a los pueblos disponían que cada uno de ellos contara con un representante elegido por tres vecinos propietarios en el mismo pueblo o su jurisdicción. Estos electores, a su vez, serían elegidos por los vecinos varones establecidos en el pueblo mayores de veinte años, con excepción de los esclavos.
Lavalleja convocó a los cabildos de la campaña para que enviaran representantes para la conformación de un Gobierno Provisorio. Este tendría por objetivo administrar el territorio liberado por los patriotas. Este gobierno se constituyó en la villa de Florida el día 14 de junio de 1825. Ante él, en un gesto que hacía recordar el período artiguista, Lavalleja depositó el mando y expuso una memoria de lo realizado. El 17 de junio el gobierno convocó a los pueblos de la campaña para la elección de los diputados que integrarían la Sala de Representantes de la Provincia Oriental. Las instrucciones enviadas a los pueblos disponían que cada uno de ellos contara con un representante elegido por tres vecinos propietarios en el mismo pueblo o su jurisdicción. Estos electores, a su vez, serían elegidos por los vecinos varones establecidos en el pueblo mayores de veinte años, con excepción de los esclavos.
La elecciones se realizaron en el contexto de la lucha a lo que se le sumaba las condiciones climáticas propias de la estación invernal.
A pesar de todo, los diputados fueron llegando a la villa de Florida y el 20 de agosto quedó inaugurada la primera sesión de la “Honorable Sala de Representantes de la Provincia Oriental”. Estaba integrada por diputados de los siguientes pueblos: Guadalupe de Canelones, San José, San Salvador, San Fernando de la Florida, Nuestra Sra. De los Remedios (Rocha), San Pedro de Durazno, San Fernando de Maldonado, San Juan Bautista, San Isidro de la Piedras, Rosario, Vacas, Pando, Minas y Víboras. El presbítero de Canelones Juan Francisco Larrobla (1774 – 1842) fue elegido presidente de la Sala.
A pesar de todo, los diputados fueron llegando a la villa de Florida y el 20 de agosto quedó inaugurada la primera sesión de la “Honorable Sala de Representantes de la Provincia Oriental”. Estaba integrada por diputados de los siguientes pueblos: Guadalupe de Canelones, San José, San Salvador, San Fernando de la Florida, Nuestra Sra. De los Remedios (Rocha), San Pedro de Durazno, San Fernando de Maldonado, San Juan Bautista, San Isidro de la Piedras, Rosario, Vacas, Pando, Minas y Víboras. El presbítero de Canelones Juan Francisco Larrobla (1774 – 1842) fue elegido presidente de la Sala.
Una de las primeras resoluciones fue nombrar a dos diputados que representarían a la provincia en el Congreso de las Provincias Unidas, que en esos momentos sesionaba en Buenos Aires y tenía la representación de gran parte del antiguo virreinato del Río de la Plata. Otra resolución nombró a Lavalleja “Gobernador y Capitán General de la Provincia Oriental”.
Sin embargo, las leyes más importantes para nuestra historia fueron las aprobadas el 25 de agosto. Ya el 21de agosto, Larrobla planteó la cuestión de cómo se debía resolver la nulidad de los actos de incorporación a Portugal y Brasil por el Congreso Cisplatino de 1821. Los diputados Carlos Anaya y Luis E. Pérez elaboraron los proyectos de ley que finalmente se aprobaron.
La primera ley, la de independencia, consta de dos partes. La primera declara la nulidad y anulación de los actos de incorporación ya mencionados y en la segunda la Provincia reasumía su soberanía, expresando “...Se declara de hecho y de derecho, libre e independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil, y de cualquiera otro del universo, y con amplio poder para darse las formas que, en uso y ejercicio de su soberanía, estime conveniente.”
La segunda ley, la de unión, dispone que “...Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata unida a las demás de este nombre en el territorio de Sud América, por ser libre y espontánea voluntad de los pueblos que la componen, manifestada con testimonios irrefragables y esfuerzos heroicos desde el primer período de la regeneración política de dichas provincias.”
La tercera ley, la de pabellón, fijaba como pabellón provincial el tricolor, con tres franjas horizontales celeste, blanca y punzó.
Estas leyes respondían a la necesidad jurídica y política de afirmar la institucionalidad del movimiento revolucionario para asegurar su incorporación a las Provincias Unidas.
Otros acontecimientos como las victorias patriotas en Rincón de las Gallinas (24 de setiembre) y la de Sarandí (12 de octubre), decidieron al Congreso de las Provincias Unidas a resolver la incorporación de la Provincia Oriental el 25 de octubre. Esto condujo a la declaración de guerra por parte del Imperio del Brasil el 10 de diciembre.
El proceso culminaría con la creación del Estado Oriental a través de la Convención Preliminar de Paz de 1828.
Diversos historiadores han interpretado de diferente forma las leyes aprobadas por la Sala de Representantes.
José Pedro Barrán distingue dos tesis predominantes en nuestra historiografía, una de ellas es la “nacionalista” y la otra la “unionista”. La primera, en la que enmarca a los historiadores Juan Pivel Devoto y Pablo Blanco Acevedo sostiene que la independencia fue consecuencia de la voluntad y sentimiento nacional, que ya se manifestaba en al aprobación de las leyes de la Florida. La tesis unionista, con Eduardo Acevedo y Ariosto González, entre otros, plantea que la “ley de unión” implicaría el deseo oriental de incorporase a las Provincias Unidas para lograr la liberación de España, Portugal y Brasil en el seno del antiguo virreinato. Pero los acontecimientos posteriores desvirtuaron esta intención.
Barrán sostiene una posición que considera las intenciones de los distintos grupos sociales que constituían la sociedad oriental en el período 1825 – 1828, y como los intereses los grupos dominantes se inclinaron por la independencia absoluta, una vez que vieron agotadas sus alternativas de integración a las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Más allá de la polémica, es indudable que las leyes de la Florida tuvieron una importancia fundamental para el proceso histórico de nuestra patria.
Sin embargo, las leyes más importantes para nuestra historia fueron las aprobadas el 25 de agosto. Ya el 21de agosto, Larrobla planteó la cuestión de cómo se debía resolver la nulidad de los actos de incorporación a Portugal y Brasil por el Congreso Cisplatino de 1821. Los diputados Carlos Anaya y Luis E. Pérez elaboraron los proyectos de ley que finalmente se aprobaron.
La primera ley, la de independencia, consta de dos partes. La primera declara la nulidad y anulación de los actos de incorporación ya mencionados y en la segunda la Provincia reasumía su soberanía, expresando “...Se declara de hecho y de derecho, libre e independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil, y de cualquiera otro del universo, y con amplio poder para darse las formas que, en uso y ejercicio de su soberanía, estime conveniente.”
La segunda ley, la de unión, dispone que “...Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata unida a las demás de este nombre en el territorio de Sud América, por ser libre y espontánea voluntad de los pueblos que la componen, manifestada con testimonios irrefragables y esfuerzos heroicos desde el primer período de la regeneración política de dichas provincias.”
La tercera ley, la de pabellón, fijaba como pabellón provincial el tricolor, con tres franjas horizontales celeste, blanca y punzó.
Estas leyes respondían a la necesidad jurídica y política de afirmar la institucionalidad del movimiento revolucionario para asegurar su incorporación a las Provincias Unidas.
Otros acontecimientos como las victorias patriotas en Rincón de las Gallinas (24 de setiembre) y la de Sarandí (12 de octubre), decidieron al Congreso de las Provincias Unidas a resolver la incorporación de la Provincia Oriental el 25 de octubre. Esto condujo a la declaración de guerra por parte del Imperio del Brasil el 10 de diciembre.
El proceso culminaría con la creación del Estado Oriental a través de la Convención Preliminar de Paz de 1828.
Diversos historiadores han interpretado de diferente forma las leyes aprobadas por la Sala de Representantes.
José Pedro Barrán distingue dos tesis predominantes en nuestra historiografía, una de ellas es la “nacionalista” y la otra la “unionista”. La primera, en la que enmarca a los historiadores Juan Pivel Devoto y Pablo Blanco Acevedo sostiene que la independencia fue consecuencia de la voluntad y sentimiento nacional, que ya se manifestaba en al aprobación de las leyes de la Florida. La tesis unionista, con Eduardo Acevedo y Ariosto González, entre otros, plantea que la “ley de unión” implicaría el deseo oriental de incorporase a las Provincias Unidas para lograr la liberación de España, Portugal y Brasil en el seno del antiguo virreinato. Pero los acontecimientos posteriores desvirtuaron esta intención.
Barrán sostiene una posición que considera las intenciones de los distintos grupos sociales que constituían la sociedad oriental en el período 1825 – 1828, y como los intereses los grupos dominantes se inclinaron por la independencia absoluta, una vez que vieron agotadas sus alternativas de integración a las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Más allá de la polémica, es indudable que las leyes de la Florida tuvieron una importancia fundamental para el proceso histórico de nuestra patria.
miércoles, 16 de agosto de 2017
EXPANSIÓN EUROPEA EN EL SIGLO XIX
La expansión imperial es un fenómeno prácticamente permanente en la historia de la humanidad, por ejemplo en antigüedad, como los egipcio, griegos, romanos, En la edad contemporánea no ha estado ajena de la realidad.
En diversas circunstancias se han formado grandes imperios, que han tenido diferentes estilos de expansión y dominio, pero han tenido un factor común: los estados poderosos someten a los débiles para satisfacer sus propios intereses.
El imperialismo colonial del siglo XIX es una consecuencia de la revolución industrial, pues los modernos medios de transporte acortan distancias, las industrias necesitan mayor cantidad de materias primas y el comercio busca nuevos mercados.
La expansión imperialista se consideró “una ley de desarrollo histórico” , una especie ley natural, y la
Guerra, una condición necesaria para establecer el dominio. Además involucraba un fuerte sentido de superioridad racial.
Este imperialismo constituye una nueva modalidad recibiendo el nombre de neocolonialismo.
SUS CARACTERÍSTICAS.
En el marco de un capitalismo cada vez más global, se desató una intensa competencia por la apropiación de nuevos espacios y el dominio de las poblaciones que los habitaban. La división internacional del trabajo estableció dos mundos disímeles, los productores de materias primas y los de bienes industriales. Estos, los países centrales, se lanzaron a la conquista de territorios periféricos que les permitieran engrandecer sus imperios y colocar sus productos, amén de proveerlos de materias primas.
Implicó no sólo una expansión comercial y nuevas fuentes de recursos para las potencias colonizadoras, sino además un dominio político, una ocupación militar y una explotación sistemática de las colonias, las cuales perdieron su *soberanía
La burguesía representada por empresas, banqueros e inversionistas esperaba de este movimiento grandes utilidades
CAUSAS:
ECONOMICOS: Los estados europeos necesitan conseguir materias primas para su producción industrial y nuevos mercados para vender sus productos.
Las potencias imperialistas tienden a obligar a sus colonias a comerciar en forma exclusiva con su metrópoli.
DEMOGRÁFICOS: El acelerado aumento de población europea a fines del siglo XIX, provocó intensos movimientos migratorios hacia otros continentes en una búsqueda de fuentes de trabajo y mayores oportunidades
POLITICOS: El dominio de extensos territorios, de rutas de circulación y de zonas consideradas estratégicas se transformó en un símbolo de hegemonía de las potencias, en una época en que el nacionalismo hacia auge en Europa
IDELOGICAS: Las potencias defendían su dominio, planteando que tenían una misión evangelizadora y civilizadora sobre las culturas consideradas primitivas y bárbaras.
EL REPARTO DEL MUNDO
A principios del siglo XIX el colonialismo europeo parecía estancado y en regresión a partir de 1870, tomaba un renovado impulso que lanzaría a las potencias del mundo a una fuerte competencia por el reparto de los continentes asiático y africano
Las naciones europeas contaban con diversos medios y recursos para llevar este objetivo:
recursos humanos
recursos técnicos.
¿Y que pasa con los pueblos africanos y asiáticos?
Están en condiciones de debilidad comparativa, por lo que no fueron capaces de detener el dominio extranjero, a pesar de haberse resistido.
Es así que expansión de un pequeño número de estados desembocó en el reparto de África y del Pacífico y en la consolidación del control sobre Asia, aunque la región oriental de este continente quedó al margen de la dominación occidental. (Hobsbawm, E. J. (1989) La era…Cáp.3: “La era del Imperio”).
El escenario latinoamericano no fue incluido en el reparto colonial, pero se acentuó su dependencia de la colocación de los bienes primarios en el mercado mundial. El crecimiento económico de los países de esta región dependió del grado de integración en la economía global del último cuarto del siglo XIX. En el Caribe, a la prolongada dominación europea de gran parte de las islas y de algunos territorios de América central y del sur se sumó la creciente gravitación de Estados Unidos, especialmente partir de su intervención en guerra de liberación de Cuba contra España en 1898
La Conferencia de Berlín (1884 - 1885) contó con la participación de catorce países europeos y ninguno africano.
Se estableció el derecho a la ocupación del interior de un territorio por parte de la potencia que ocupara las costas, la libre navegación de los ríos africanos y la prohibición del comercio de esclavos.
Las potencias europeas se sintieron con el derecho a decidir el presente y futuro de los territorios conquistados.
El dominio europeo se caracterizó por un control político total ,es decir, los territorios habitados por nativos, pero gobernados y dirigidos económicamente por una potencia europea.Los imperios más importantes fueron:
* El Británico: era el mayor del planeta, abarcando el 23% de su población y el 20% de su superficie.
* El Francés: era el segundo del mundo en extensión
* Otros Imperios: Alemania, Italia, Bélgica, Portugal, España, Japón y Estados Unidos

Este proceso fue muy tenso y provocó el aumento de las rivalidades entre los países de Europa genera las condiciones para un enfrentamiento I Guerra Mundial.
Incorporó grandes áreas a la esfera cultural europea y a su estilo económico capitalista e industrial.
A pesar de la arrolladora fuerza de los países europeos por promover sus expansión se levantaron voces disidentes:
* La Internacional Socialista
* Lenin, dirigente comunista, critica en su obra: “ EL Imperialismo, estadio superior del capitalismo”
* Los liberales ingleses
* Canciller Bismarck de Alemania
* Franceses radicales.
La conquista y el reparto colonial lanzados en los años ochenta fue un proceso novedoso por su amplitud, por su velocidad y porque estuvo asociado con la nueva fase del capitalismo, la de una economía que entrelazaba las distintas partes del mundo. Los principales estadistas de la época – Joseph Chamberlain, Jules Ferry, por ejemplo- repitieron una y otra vez que era preciso abrir nuevos mercados y nuevos campos de inversión para evitar el estancamiento de la economía nacional.
Además, según su discurso, las culturas superiores tenían la misión de civilizar a las razas inferiores. En el marco de la gran depresión (1873-1895), gran parte de los dirigentes liberales giraron hacia el imperialismo para sostener una política expansionista apoyada por el Estado y basada en un fuerte potencial militar que garantizaría la superioridad de la propia nación.
La expansión colonial no disgustaba a todos los socialistas. Algunos dirigentes de la II Internacional, también adjudicaron a la expansión europea un significado civilizador. El debate fue especialmente álgido en el congreso de Stuttgart en 1907.
Las nuevas industrias y los mercados de masas de los países industrializados absorbieron materias primas y alimentos de casi todo el mundo. El trigo y las carnes desde las tierras templadas de Argentina, Uruguay, Canadá, Australia y Nueza Zelandia, el arroz de Birmania, Indochina y Tailandia, el aceite de palma de Nigeria, el cacao de costa de Oro, el café de Brasil y Colombia, el te de Ceilán, el azúcar de Cuba, Brasil, el caucho del Congo, la Amazonia y Malasia, la plata de México, el cobre de Chile y México, el oro de Sudáfrica.
Las colonias, sin embargo, no fueron decisivas para asegurar el crecimiento de las economías metropolitanas. El grueso de las exportaciones e importaciones europeas en el siglo XIX se realizaron con otros países desarrollados. La argumentación del economista liberal inglés John Atkinson Hobson y del dirigente bolchevique Lenin acerca de que el imperialismo era resultado de la búsqueda de nuevos centros de inversión rentables no se correspondió acabadamente con la realidad . Los lazos económicos que Gran Bretaña forjó con determinadas colonias, Egipto, Sudáfrica y muy especialmente la India tuvieron una importancia central para conservar su predominio. La India fue una pieza clave de la estrategia británica global, era la puerta de acceso para las exportaciones de algodón al Lejano Oriente y consumía del 40 al 45 % de esas exportaciones, además, la balanza de pagos del Reino Unido dependía para su equilibrio de los pagos de la India. Pero los éxitos económicos británicos dependieron en gran medida de las importaciones y de las inversiones en los dominios blancos, Sudamérica y Estados Unidos.
En el afán de refutar las razones económicas esgrimidas por Hobson y Lenin, una corriente de historiadores enfatizó el peso de los fines políticos y estratégicos para explicar la expansión europea. Estos objetivos estuvieron presentes, pero sin que sea posible disociarlos del nuevo orden económico. Cuando Gran Bretaña, por ejemplo, creó colonias en África oriental en los años ochenta, lo hizo porque así frenaba el avance alemán y sin que hubiera un interés económico específico en esa región. Pero esta decisión debe inscribirse en el marco de su condición de metrópoli de un vasto imperio y desde esta perspectiva, no cabe duda del afán de Londres por asegurarse tanto el control sobre la ruta hacia la India desde el canal de Suez como la explotación de los yacimientos de oro recientemente encontrados al norte de la Colonia del Cabo. En este contexto la distinción entre razones políticas y económicas es poco consistente.
En principio tanto las colonias formales como las informales se incorporaron al mercado mundial como economías dependientes, pero esta subordinación tuvo impactos sociales y económicos disímiles en cada una de las periferias mencionadas. En primer lugar porque el rumbo de las colonias quedó atado a los objetivos metropolitanos. En cambio, en los países semisoberanos, sus grupos dominantes pudieron instrumentar medidas teniendo en cuenta sus intereses y los de otras fuerzas internas con capacidad de presión. Pero además, tanto en la esfera colonial como en la de las colonias informales coexistieron desarrollos económicos desiguales en virtud de los distintos tipos de organizaciones productivas. Los enclaves cerrados, los casos de las grandes plantaciones agrícolas tropicales como las de caña de azúcar, el tabaco y el algodón, junto con las explotaciones mineras, dieron paso a sociedades fracturadas. Por un lado un reducido número de grandes propietarios muy ricos, por otro, una masa de trabajadores con bajísimos salarios y en muchos casos sujetos a condiciones serviles. En las regiones que predominaron estas actividades productivas hubo poco margen para que el boom exportador alentase el crecimiento económico en forma extendida. Tanto en Latinoamérica como en las Indias Orientales Holandesas, el cultivo del azúcar, por ejemplo, estuvo asociado a la presencia de oligarquías reaccionarias y masas empobrecidas. En cambio, los cultivos basados en la labor de pequeños y medianos agricultores y en los que el trabajo forzado era improductivo, los casos del trigo, el café, el arroz, el cacao ofrecieron un marco propicio para la constitución de sociedades más equilibradas y con un crecimiento económico de base más amplia.
Gran parte de las áreas dependientes no se beneficiaron del crecimiento de la economía global. En la mayoría de las colonias se acentuó la pobreza y sus poblaciones fueron víctimas de prácticas depredatorias. Portugal en África, Holanda en Asia y el rey Leopoldo II en el Congo fueron los más decididos explotadores.
En aquellas colonias donde una minoría de europeos impuso su dominación sobre grandes poblaciones autóctonas, los casos de Kenia, Argelia, Rhodesia, África del sur, los colonos acapararon la mayor parte de las tierras productivas, impusieron condiciones de trabajo forzado y marginaron a los nativos sobre la base de la discriminación racial.
Las experiencias en las que la incorporación al mercado mundial dio lugar a una importante renovación y modernización de la economía estuvieron localizadas en las áreas de colonización reciente que contaban con la ventaja de climas templados y tierras fértiles para la agricultura y la ganadería. En Canadá, Uruguay, Argentina, Australia, Nueva Zelanda, Chile, el sur de Brasil las lucrativas exportaciones de granos, carnes y café alentaron la afluencia de inmigrantes y la expansión de grandes ciudades que estimularon la producción de bienes de consumo para la población local. Aquí hubo incentivos para promover una incipiente industrialización.
También las colonias en que prevalecieron los cultivos de pequeña explotación fueron beneficiadas con un cierto grado de crecimiento económico a través del crecimiento de las exportaciones. En la costa occidental de África: Nigeria con el aceite de palma y cacahuete, Costa de Oro (Ghana) con el cacao y Costa de Marfil con la madera y el café. En el sur y sureste de Asia, Birmania, Tailandia e Indochina, los campesinos multiplicaron la producción de arroz. Pero en estos casos no hubo aliciente para la producción industrial en virtud de las limitaciones impuestas por el colonialismo y el bajo nivel de la vida local.
domingo, 13 de agosto de 2017
POSICIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA FRENTE A LA CUESTIÓN OBRERA
El año 1891 el papa León XIII publicó la encíclica "Rerun Novarum", uno de los documentos pontificios más importantes en la historia de la Iglesia. Puede decirse que hay un antes y un después. Este documento es la toma de postura de la Iglesia ante la grave y acuciante "cuestión social", provocada por la revolución industrial y la introducción del sistema capitalista liberal, que había dejado en una situación de desamparo a amplios sectores de la sociedad, tanto obreros en las ciudades, como proletarios o pequeños propietarios del campo.
Desde otras opciones políticas;como el socialismo, anarquismo, la reacción fue relativamente rápida, tratando de mejorar y de dar respuestas, profundamente revolucionarias, a esos amplios sectores de la sociedad marginados y explotados, por una clase social burguesa, en cuyos planteamientos no había otro interés que el enriquecimiento.
La Iglesia católica fue a remolque de los acontecimientos, respondió cuando ya estaban muy extendidos los partidos políticos y sindicatos socialistas y anarquistas. En 1864 se celebró ya en Londres la Iª Internacional, fecha en la que la clase obrera europea habla ya de su emancipación frente al capital.
Tanto el liberalismo como el socialismo abogaban por la secularizaciónde la sociedad, eliminando con ello el protagonismo que la Iglesia había mantenido hasta entonces. La Iglesia condenó estas ideologías, prueba de ello fue la política reaccionaria desarrollada durante el pontificado de Pío IX, radicalmente opuesto a los cambios que estaban aconteciendo.
Ante el imparable proceso de industrialización, el constante crecimiento de las masas obreras y de la conflictividad social, hubo católicos que criticaron la explotación a la que estaba siendo sometido el proletariado. Surgió de ese modo la denominada “doctrina social de la Iglesia”, condensada en una serie de documentos, entre los que cabe destacar la encíclica "Rerum novarum"(“De las cosas nuevas”), promulgada en 1891 por el Papa León XIII.
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En ella se preconizaba un orden social basado en la justicia y la caridad, exhortando al Estado a socorrer a las clases más desfavorecidas y alentando el asociacionismo de los trabajadores y fórmulas de asistencia social.
La doctrina social de la Iglesia, sin embargo, no constituyó un corpus teórico en sí misma, sino que se expresó mediante una serie de consejosencaminados a ilustrar a los fieles sobre cómo afrontar los retos sociales y económicos del mundo moderno, desde los presupuestos de la fe cristiana.
Negó la existencia de la lucha de clases, tal y como preconizaba el marxismo, y propuso en su lugar la armonía, la convivencia y el diálogo entre patronos y obreros, exhortando a los primeros a mitigar la miseria de los segundos. De igual modo protegió la propiedad privada combatida por marxistas y anarquistas, considerándola como un instrumento al servicio del bien común.
jueves, 10 de agosto de 2017
SOCIALISMO CIENTÍFICO
Los discípulos de los grandes socialistas utópicos cerraban obstinadamente los ojos para no ver en la clase obrera a una fuerza histórica independiente, predicaban la necesidad de transformaciones pacíficas y seguían apelando, preferentemente, a las clases poseedoras y negando la lucha de clases. Por ello, a medida que fue creciendo el papel político revolucionario del proletariado, esas doctrinas se volvieron cada vez más reaccionarias. El desarrollo de la revolución industrial y la activación e intensificación de la lucha revolucionaria del proletariado planteaban imperiosamente la tarea de crear una teoría amplia, omnímoda y verdaderamente científica, una concepción proletaria nueva, revolucionaria. Esa tarea la cumplieron Carlos Marx y Federico Engels.
Carlos Marx y Federico Engels dieron respuesta a las cuestiones vitales planteadas ante el movimiento obrero. Expusieron científicamente en sus trabajos la inevitabilidad del hundimiento del régimen capitalista y del triunfo de un nuevo régimen, el socialista. Mostraron que el socialismo no es una invención de soñadores, sino el resultado inevitable del desarrollo de la sociedad burguesa.
Carlos Marx y Federico Engels demostraron que el artífice de la nueva Sociedad sería el proletariado y que la lucha de éste contra los capitalistas llevaría necesariamente al establecimiento de la dictadura del proletariado. A su vez, la dictadura del proletariado sería tan sólo un medio de transición, por la supresión de todas las clases, a la sociedad sin clases.
El marxismo surgió durante la revolución industrial. En aquellos tiempos el capitalismo se desarrollaba todavía en línea ascendente, la incompatibilidad de los intereses de burgueses y proletarios no había alcanzado el actual grado de antagonismo, y las contradicciones del régimen burgués apenas si empezaban a perfilarse.
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